"Baja, te necesito, hoy más que nunca"-Le gritó al vacío.
Pero solo le respondió el eco, como mofándose.
Y entonces, se le volvió a caer el mundo encima. Volvió todo a su taza de café.
El del espejo dejó de devolverle las sonrisas.
Las lágrimas ya no querían salir ni de las cuencas de los ojos.
Ni el silencio quería permanecer y se camufló en los ladridos de dos perros.
Todo se paró, el reloj estaba quieto, el segundo en el que vivió todo eso, fue eterno.
Fue como una explosión dentro de su cuerpo. Como si estallara pero sin así suceder.
Incluso pararon los ladridos.
Solo quedaba él, una habitación y un extraño vaso con agua.
Él sintió frío. La habitación se oscureció. El vaso se vació.
Él ya no estaba vivo. La habitación se vació por completo. El vaso estalló.
Y así, desapareció el eco, y volvió el reloj a la normalidad.
Volvieron los ladridos. Volvieron los gritos.
Él estaba muerto en vida. Él estaba lleno de un vacío.
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