Y de una humeante taza de café, se evaporaron los recuerdos.
Ya no quedaba nada, solo una taza de café, y una cuenta sin resolver.
Nada.
Solo personas en movimiento. Almas errantes del tiempo.
Supe apreciar ese desierto e hice de mi mente agua.
Supe soñar despierto y dormir en tus palabras.
Qué triste suena todo esto.
Te quise más que a mis textos. ¡Es cierto! ¡Lo prometo!
Pero te fuiste como se va la tinta de mis folios
o como el mal augurio de un libro que no acabo.
Me siento, quizás solitario.
Al menos me siento, es un indicativo para saber que no estoy muerto.
Y de la taza de café, pues me la tomé de un trago.
Con todo ese sabor amargo,
que tanto nos gusta a pesar de así serlo.
Y del humo de nuestros recuerdos, nació el olvido.
Con toda la parafernalia de haber huidos
para acabar volviendonos por el mismo camino.
Pero separados.
Quizás ningún mal hicimos, pues supimos querernos
Pero qué caprichoso el destino, o el universo, o los posos del café de esa taza.
Me gustaría encontrarte en un futuro tomando un café
en el que del humo renazcan nuestros recuerdos
y quizás no vivirlos de nuevo pero al menos disfrutar con ellos.
Wow! Inspiras escribir triste. Es como un regocijo en días de hielo. A todo esto, seguiré buscando un Invierno Desgastado, ese que alguna vez compusiste, no se ve por ningún lado. Saludos!
ResponderEliminarWow! Inspiras escribir triste. Es como un regocijo en días de hielo. A todo esto, seguiré buscando un Invierno Desgastado, ese que alguna vez compusiste, no se ve por ningún lado. Saludos!
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